sábado, 31 de mayo de 2008

El universo en mi mano

Por primera vez me pareció, de pronto, que el mundo podía ser lo suficientemente grande para albergar a la naturaleza de los pensamientos. No sé por qué, pero -también de pronto- las estrellas que habían sido flores y la flecha que antes había sido pluma corrían paralelas en el fluir de los acontecimientos. Y navegaban al unísono en aquel viaje sin distancia.




Un planeta perdido y sin la protección de la incercia, quiso probar aquel encuentro. Sin causar molestia alguna, se adosó a ese experimento fútil y efímero.






Atraído por la solemnidad de la idea, los corales, siempre con la querencia a adherirse a cualquier cosa, trasladaron sus raíces a aquella cosita de estropajo. Y una corola de algas blancas crecieron, por el arte de la espuma, en el centro de la composición, para atraer las miradas.






(Recuerdo del verano)