domingo, 8 de marzo de 2015

Nosotras, las que no

Los huesos de Alejandra brillan en la noche, en la garganta viva de un pájaro petrificado. Dice que comprende la verdad. Que comprende la verdad, dice. Y Teresa vive sin vivir en sí. Concha busca sonrisas de recambio y Alfonsina se ahoga entre algas por una casa de cristal. Qué terrible es lo que nos pasa, Safo.

Me gustaría decirte que muchas quisimos, aunque no supiéramos bien por qué, llamarnos Frida. Pero no lo fuimos. Ni Lempickas, ni Ariadnas, ni Lucrecias. Te diré que nosotras, las predecibles, las que dolemos antes del mes porque se nos ve venir, porque terminamos en a
día, planeta, mano;

nosotras, las que estamos siempre al frente sentadas en la última fila, o en escenarios invisibles
nao, seo,

como la Mistral, amando las cosas que nunca tuvo;

nosotras, las cortas, las torpes, las que no llegan a, las que saben poco de, las que mejor no. Nosotras los trabajos, las noches, la jaula, la danza, Alejandra, la jaula, Alejandra, la jaula, la jaula, la jaula, la jaula de arteria, Sylvia.

Nosotras, las que no sabemos las reglas: clima, trauma, programa. Nosotras: problema, dilema, poema. Nosotras, párpado de Cristina y vista de Wislawa. Nosotras, aburridas de las sordas orillas del Sar. Nosotras, Rosalía, que llegamos al fin de la tarde o a fin de mes. Nosotras, Ernestina, empeñada en ser isla, en ser signo que persigue el mar y sus entornos. Nosotras, las Glorias, islas ignoradas. Nosotras, con nieve en la mano, con el corazón en un puño, como Gertrudis cuando embarca hacia la noche. Nosotras, reclamando a los arcángeles, como la Conde, porque “es igual que reír en una campana” de manos de Roldanas barrocas.

Nosotras, las Venus obesas y adiposas del origen de los tiempos, las del espejo de vitrina, las fecundas, las Maribárbolas, las Aracnes que vestimos desnudas los museos y cuando nos desnudamos somos fulanas y menganas escandalosas. Nosotras, anatomía de consumo, sonrisa de Zenobia, espectáculo de escaparate, musas, las promiscuas musas que servimos a todo Arte, las anoréxicas de templanza, las que no somos mujeres fatales porque estamos hartas de fatalidad. Nosotras las de los márgenes, las periféricas, las lavanderas costumbristas de las escenas de agua quieta, las apostadas a pie de página, las que siempre nos preguntamos cómo se llamaría la mujer de Lot. Nosotras, las ninfas de pelo color mar, las que no tenemos otra cosa que hacer que bailar, amar y cantar; nosotras esfinges, gorgonas y sirenas que nunca oímos la historia de los labios de Clío.

Nosotras, las Juanas, las que “esta tarde mi bien, cuando te hablaba”, también señalamos necedad y cordura. Nosotras, incendio, adelfa, mediterráneo, barbitúrico, niña, Blanca. Nosotras, mujer, Giconda, pájara.

Nosotras, las que nunca enterraremos la placenta para plantar sobre ella árboles efímeros. Nosotras, las que quisimos oler las raíces del fuego, las pangeas, las mujeres barro, las mujeres savia, las sublimes, las derrotadas, las heridas, las rotas, las perdidas, las hechas, las inmunes, las que triunfan, las invisibles, las miles. Nosotras, las de boca de lirio o de ortiga; las de manos de cristal o de cardo, las Chabucas, las Rebecas, las Chavelas, las Piaf, las solas, las que son porque están, las Hipatias, las que enseñamos los días de la semana, los meses, los números, los sentimientos, los colores, todos iguales: el verde, el miércoles, el absurdo, el ciento, el suajili.

Nosotras, las hijas de la Bernarda. Las que fuimos reinas sin países y ciudadanas sin república; las gobernadoras desgobernadas, las sin gobierno, las parias, las impares, las ilustradas a oscuras, las que no pudimos ser Godiva, las que nunca tuvimos un arco, las malinches, las Luxemburgo, las trece rosas, las Gentileschi, las Arendt, las Kent, las Campoamor, las Maeztu, las Beauvoir, las Marguerite, las Fiztgerald, las que viven en el otro lado del mundo y tienen nombres impronunciables y pieles habitadas por una historia muda a la memoria.

Nosotras, las Lispector, aullando a las puertas de la gramática; las Montessori, amamantado sueños; las que firman con pulso de hombre: las Shelley, las Arenal, las Matute; las que son reconocidas años después, las Bronte; las maravillosamente pacientes: las Zambrano, las Curie.

Nosotras, chica española o sudamericana se ofrece para el cuidado de personas mayores, niños o mascotas, por horas o a convenir y también actividades de la casa. Nosotras, también doy cursos de francés y de inglés para todas las edades. Nosotras, las Bovary y las Karenina, las que nos comemos las lágrimas o lloramos con la rabia de Juno. Nosotras, las que cuando estamos tristes seguimos los consejos de las abuelas y nos hacemos trenzas que atrapen la melancolía. Nosotras, las lobas heridas que no deberíamos regar las macetas o lavarnos el pelo durante la regla; las que seguimos dando como madrinas besos en la frente.

Nosotras,
todas,
las que no somos como las demás y las que sí,
las que compartimos espacios, habitamos sueños y construimos tiempos;


nosotras, las otras,
las anónimas,
las que también importan.


Las que también.




Los huesos de Alejandra, poema incluido en el poemario "La cebolla es otra historia"