jueves, 22 de mayo de 2008

Ya no puedo fiarme de ti

desde que podaste todos los árboles del jardín
para llenar el espacio de sensaciones;
desde que cortaste las hojas nuevas de ficus
porque eran brotes molestos;
desde que recogiste todas las flores caidas,
porque alteraban, seriamente, tu estabilidad visual;
desde que cubriste de cemento las piedras
sobre el suelo de tierra y dejaron de ser el filtro natural
que dejaba pasar el agua de la lluvia
que alimentaba todo

¿¡qué queda!?

Ya no puedo fiarme de ti.

Pues eso.



Dedicado a La calle de la inspiración.
La que me hace escribir cada mañana.