jueves, 1 de mayo de 2008

El árbol que habita en mi casa


El árbol que habita en mi casa ha crecido, conmigo, casi sin darme cuenta.

Está arraigado en el nido que ha enredado entre mis fronteras, en el espacio cedido por las láminas de bronce que acurrucan, junto al terciopelo del estuche, los momentos que la existencia me ha cedido, mezclados con guijarros dulces de colores.
Y cada cumpleaños, una nueva muesca hace girar el mundo para entrar a formar parte de su savia y de la mía.

Entonces, le abrazo con el aliento y convierto las sonrisas en el rocío que le regalo. Y se crece con mi presencia, aproximando sus ramas a las ventanas. Especialmente a una, que le tiene reservado el derecho a contemplar los lapsos de nuestros encuentros desde un palco vacío que sus hojas llenan.