domingo, 22 de junio de 2008

Endulzo cada tilde con la tarde,
como quien moja un barquillo en el té
durante el instante que dura el beso.
-Qué frágiles resultan estas golosinas
y lo pronto que se desmoronan-,
¿o eran las horas, que se enredaban solas?

Saboreo sin complejos ese último sorbo
echando un pulso distraido al tiempo
-dices que siempre gana. Y te creo-.
Pero aquí, de momento, solo estamos tú y yo
mientras el reloj de sol se derrite de celos
en este junio desbocado que termina siempre
llevándome a ti.

¿Y qué, si mañana será otro día?:
Los renglones aceptan la ocasión del reencuentro
para vaciar el rincón lleno de ganas
entre el espacio de cada palabra
y la que sigue, contigo.
Solo contigo.

Sin punto y final