miércoles, 4 de junio de 2008

Des+en+laz+ad+o+s y desenlaces)

... Sufría tanto con aquel dolor de cabeza,
tanto,
que Ella le sugirió -por favor, siempre por favor-
que le aliviase del peso de varias metáforas,
porque la abatían en exceso.


Entonces Él, siempre con su mejor intención,
siempre,
tomó con exquisita delicadeza -de cortesía británica-,
aquel espejo roto con el que
le sesgó el cuello sin miramientos.


Apretó todo lo que pudo hasta cortar
finamente
-no podía haber sido de otra manera-
aquel cuello incapaz de seguir erguido,
carente ahora de toda posibilidad.


Dicen que su corazón, agradecido, descansó
por fin
-siempre hay un final-
de aquella literatura vital
que lo había hecho preso.


Dicen que Él, inmediatamente,
dibujó una onomatopeya de flores
hecha de piedras,
y se colocó aquella guirnalda de dolor
para recordarla siempre.
Y aunque le angustiaba el peso ,
era el chasquido que provocaban al rozarse
lo que más le molestaba,
en el intento desesperado
de encontrar
de nuevo
aquella inspiración
que nunca más volvió.


1ª VERSIÓN PARA UN FINAL

Después de algún tiempo que le conozco,
hoy me ha dicho que
siente un peso terrible en sus hombros
y con una exquisita dulzura me ha pedido
que le alivie de unas onomatopeyas que dice
que chapurrean siempre un nombre.

He roto un espejo en mil pedazos
me he acercado con cariño
y se lo he puesto delante de la cara.
Ha dejado escapar una sonrisa
que me ha olido a violeta,
le he besado como nunca y
hemos sembrado el pasillo de guiones
-hechos de aquellas piedras-
camino del dormitorio.


2ª VERSIÓN PARA UN FINAL


Dicen que, con el tiempo,
encontró a quien describir
aquel peso que sentía en la cabeza
mientras sugería
-por favor, siempre por favor-...