lunes, 2 de junio de 2008

Míralos a ellos, los desconocidos

Míralos a ellos, los desconocidos,
tropezando los inventos por el camino.

Míralos a ellos,
los desconocidos,
los desconocidos,
los desconocidos...

Bienaventurados los que se niegan
a llamar a las cosas por su nombre
porque de ellos será la gramática libre.

Sólo necesitan respirarla
para que emanen polisemias
vestidas de sinestesias
-mejor calientes, y entre frutas-.

A Mario Barranco,
precipicio poético.