domingo, 17 de agosto de 2008

El baile de las olas

Paso a paso, se desliza la piel por la madera sin pulir, incapaz de retener al viento. Una jaula abierta, que mide la misma distancia que existe entre tus ojos y los míos, me devuelve los colores de la tarde y el sabor del agua.

Amarrada al aire, es libre la ola
que danza en el vientre de la vida,
mientras se diseña el hoy.

Siempre tú.
Con mil nombres
te cruzas en mi mirada
sumergido en la libertad
que te hace proscrito de los imperativos.

Debajo de la concha
gime el nácar de la perla
igual que ríen
las castañuelas del frío.


Voy.

Sin prisas.

Siento la arena en los pies y las rodillas de sal bendecidas.
ya voy al encuentro de la sinfonía de las olas, para jugar al vaivén que me propones.

Siempre me rindo.
Claudicar es fácil en tu espejismo.

Voy; sigo yendo...
para bailar contigo en mi naufragio.

Duermo.
Contigo.

Duermo en la danza erosionada de tu magia.

Duermo.

Sueño.

Sueño.
Sueño.