domingo, 16 de noviembre de 2008

Principio IV

Se nos quedó el mundo desnudo,
deshabitadas todas las palabras,
tan agrietado,
tan desamparado,
que hubo que abrazarse fuerte
tú en mí,
yo en ti,
para aguantar el vacío
al abrigo de un único aliento.

Brotaron de él todas las interjecciones.
Y ellas, descaradas por descarnadas,
desarraigadas como el alarido,
consecuentes como la verdad,
fueron capaces de ser la llave
de todos los demás sintagmas.


Fue al principio,

cuando el mundo
estaba desprovisto de adjetivos
capaces de avergonzarlo.