domingo, 17 de febrero de 2008

En el mismo momento...


... en el que el actor se dio cuenta de que se estaba reinterpretando a sí mismo, bajó del escenario raudo, se quitó el maquillaje, se desnudó de aquellos paños, se miró en el espejo durante unos pocos segundos y terminó, apresuradamente y con muchas abreviaturas, el final de la historia. La escribió a lápiz sobre la madera lacada de su camerino.

Fue justo antes de que el desconcierto -al principio hermanado con los aplausos- diera paso a los pitos.


Entonces, sonrió al saber que los actores eran ellos y que él, por fin, volvía a ser el observador con derecho a iniciativa en aquel papel que estaba por escribir en el escenario de la vida.