jueves, 30 de agosto de 2012

Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca será estrella

"Si las puertas de la percepción se purificaran
todo se le aparecería al hombre como es

infinito.

Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas
a través de las estrechas rendijas de su caverna."



"Perfecto eras hasta que se halló en ti maldad"

Me asomo a los cuadros de William Blake "mientras mis ojos me vigilan", con los puños cerrados, para que no se escape la poesía que viene golpeando por las venas. La eternidad en una hora: Pintura y poesía; poesía y pintura. La imaginación, desbordada, asoma en forma de visión solemne:

Sólo la rebeldía.

La crueldad tiene corazón humano
y la envidia humano rostro;
el terror reviste divina forma humana
y el secreto lleva ropas humanas.
Las ropas humanas son de hierro forjado,
la forma humana es fragua llameante,
el rostro humano es caldera sellada
y el corazón humano, su gola hambrienta.


Blake
fue poeta, artista, maestro del grabado y una de las figuras más originales e influyentes en la historia de la cultura inglesa y, por extensión, europea. Un artista incomprendido -admirado por prerrafaelitas y simbolistas- que reinterpretó, con una visión absolutamente propia y original, el gesto artístico y que ensanchó los límites de una mitología y del simbolismo religioso a medida. 


Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?
...
 Un regalo para los amantes de W. Blake.