miércoles, 29 de agosto de 2012

En las aristas del abismo

Destila
gris
la costra de los días.

La perspectiva amarga
que se acerca,
labio a labio,
colgada de las aristas.

Sangra la reja que esconde
los látigos
y las espinas
y los perfiles romanos
-ojos y pathos-
pedestales muertos.

Giral el mal
en la rueda,
atado al dolor.
La ira se entretiene
dando palos de ciego
a la luz
cosida a los cimientos.

La danza de lo desvaído
en las escalinatas imposibles del miedo

peldaño a peldaño

la luz perdida
la luz perdida
la luz perdida
en las aristas del abismo.

La resignación hecha espina
en las pérgolas de la ira

vomitan los castigos
las cadenas romas
la soga
la ceniza
el llanto del violín
arrastrándose
moribundo
como los fantasmas
¿Dónde la luz?
¿Dónde la luz?

¿Donde es dónde?

Huele toda esa madera podrida
que rezuma tiempo
en esta ciénaga de la historia.
Huele el vuelo del cuervo
y el pico roto de la calandria.
Apesta el vuelo de la náusea
mientras las uñas arañan
las paredes de este laberinto de sombra,
de este paraíso cruzado de galerías
que oprimen las gargantas
de los vencidos

que son todos

con sus cabezas degolladas
sobre una basa de orden gigante
de aquella columna del destiempo
que nos convierte en cariátides.
¿Qué del bucráneo?
¿Qué del bucráneo?

Hablas como si pudiera creerte
aquí,
donde no entra ni la niebla
a contar del frío.

En esta cárcel de la ruina,
de la maraña del sinsentido,
la exasperación del grito sordo
que se pierde en las bóvedas
se recoge en las escalinatas
entre las carcajadas de los arcos ciegos
y las enjutas desvaídas
por el lodo de la noche
que siempre es noche.

Me oscurece esta sombra.
Me oscurece esta sombra
que me va entrando
como si fuera agua
y que me crece entre cristales.

Y subo por esta nueva escalera
que va perdiendo sus peldaños.
En la balaustrada
el aire detiene el suicidio de los muertos
porque la luz está prohibida
en este baile taciturno y oscuro
del que estamos hechos
de grafito y tachadura
de rendija abierta al abismo
de soga
de soga
de soga

y lejos

donde no llega la mano
a la luz que no toca
a la voz que no oyes
al eco repetido del paso
una y otra vez distintos
en este juego de espejos roncos
en el que andamos suspendidos
sobre el columpio del espasmo.



Madrid,  20 de agosto de 2012, tras ver la Exposición de las cárceles escenográficas de G. Piranessi en Caixaforum; esas cárceles de la imaginación recreadas como paisajes metafísicos de un mundo interior complejo.



Junto a ellas, las ruinas de una Roma monumental que, a pesar de su destrucción, sobrecoge por su imperial escala. Ruinas visibles e invisibles. Cartografías fantasmagóricas. Infinitud finita.
Ciertamente, "la pasividad es el peor de los pecados"





No me imaginaba yo en los 90, diapositiva a diapositiva, cuando asistía a las clases de Arte Contemporáneo del profesor Fernando Martín que, años después, FactumArte convertiría en este espectacular vídeo aquellas cárceles que se nos antojaban angustia superlativa en la antigua Fábrica de Tabacos. 
Ahí quedan.