viernes, 7 de marzo de 2008

Juega con los libros hasta desmantelar los anaqueles de la memoria.

Toma arbitrariamente las dedicatorias de un porvenir,
las plegarias que cierra un sermón de horas,
las páginas impares de una obra miniada,
las jaculatorias profanas de las estanterías más bajas,
los capítulos 47 de tres novelas de lectura obligada,
el renglón justificado de un tomo gastado sobre la moral,
la inclinación promiscua del panfleto que rebosa dobleces,
la imaginación desmedida de la luz reflejada
en la vitrina que alberga la enciclopedia forrada de
tipografías doradas.

Juega, por favor,
Hacen falta rincones nuevos en los que quepan nuestras páginas.