miércoles, 2 de julio de 2008

Los nombres del olvido (III)

Los nombres del olvido huelen
a piscina de césped recién cortado,
a biblioteca mal iluminada y en épocas finales,
a flequillo despeinado entre alguna música extraña,
al frío de una calle de invierno antes de las vacaciones.

Otros nombres del olvido huelen a instantes
de olivo y romero, a viajes inconclusos a tu pesar;
a nevera en quiebra y a pasos descalzos;
a aquel vino que no sé cómo llegó hasta allí;
a un cualquier día de estos que ya es casi abuelo.

Todos provocan -siempre- una sonrisa
que desemboca en una avenida atestadada
por la que, al segundo, se cuelan entre vidas ajenas
para desaparecer hasta la próxima estación
que no tiene nombre ni fecha programada.

Son otros los nombres del presente:
los que crecen alrededor del girasol
para ser una espiga tan débil como recia;
los que hacen tiritar al frío en una noche de verano,
sabiendo que no debieran...
Aunque solo hay uno
uno solo
que espera,
siempre espera
que yo sea su futuro de hoy.


Al Ángel de mi guarda (y a su dulce compañía).