miércoles, 4 de mayo de 2016

Apuntes para una tempestad (II)


"Tormenta de nieve: un vapor situado delante de un puerto hace señales en aguas poco profundas y avanza a la sonda. El autor se encontraba en esa tempestad la noche en que el Ariel abandonó Harwich". Con esta larguísima descripción, J. M. William Turner subtituló su obra "Tempestad de nieve en el mar" (1842).




Se atribuye a Turner el pasaje de la leyenda que le sitúa convenciendo a un marinero, en plena tormenta, para que lo introdujera en ella con el fin de experimentarla. Dicen que, entonces, se hizo atar al mástil –como Ulises sobreviviera a las sirenas- en su necesidad de captar la autenticidad de la desmesura y el trazo del miedo de la tempestad.

La genial imprudencia de Turner me parece la imagen perfecta para condensar el arrojo ante el peligro, el gesto ante el reto de la naturaleza que trasciende al ser humano y, sin embargo, no deja de formar parte de su propia esencia. "Faltó poco para zozobrar", escribió después.

La obra del pintor y su impulso romántico recorren buena parte del poemario "La muerte sobre un caballo pálido", que es también, por cierto, título de otra de sus obras.



“… y acertadamente puede medir el temperamento de la naturaleza”  Ruskin (refiriéndose a W. Turner)

Había que medir el temperamento,  adentrarse en la mirada del náufrago.
Había que hablar en el desierto de los días.
La paciencia es el lugar en el que, a veces, logran descansar los desamparados.
Qué extraña luz ésta que se apodera de la esperanza.
El caos no es más que un cuerpo abierto.
Había que difuminar el mundo,
burlarse del caído Polifemo,
remolcar al Temerario.
Había que…

Autorretrato de Turner


A veces me da miedo la luz. Hay en ella tanta transparencia.
¿Y si la atmósfera está vacía?
¿Y si el aire es sólo aire?
¿Acaso podría ser otra cosa?
 
Lluvia, vapor y velocidad. La luz que cambia. La luz sólida. Los cuerpos líquidos.

A veces me da miedo la luz.
Hay en ella tanta transparencia.
Y traigo la derrota de los siglos.