miércoles, 22 de julio de 2015

Del veneno de mi nombre

"Y la muerte, nadie la oía, pero hablaba muy cerca del micrófono".
LPV lee a P. Gimferrer antes de llegar a un cuadro de Fortuny


Acto IV
(Fundido de entrada en verde. Nocturno. Ella no puede dormir porque un pez atraviesa su habitación de pared a pared).

¿Cuántos mares has visto en la penumbra?

La muerte también era un atributo de la belleza. Y sobrevino sin traerle un cigarro encendido en la oscuridad. 


Acto V
(Ella sigue a oscuras.
Piensa -la acotación no indica quién- en la integridad de los colores. El discurso avanza sin anclarse en ningún territorio)

Renunciar a tu destino sería tan obsceno como encender la luz ahora.
Háblame, me dices.
Habla.



Acto VI
(Morir siempre es un acto fugitivo que sorprende al imbécil)

La dulzura, a veces, se manifiesta en formas insólitas. 


Acto VII
(Ella puede volver a soñar. Es un hecho.)

Bastaría un dardo con tu aliento,
-dices -lirio roto- 
o un verde traído de Nápoles para quebrar la simetría de la tarde.



Cuídate del veneno de mi nombre.