miércoles, 27 de marzo de 2013

Las manchas de Ben Yessef

Siempre me gustó imaginar que, en mi habitación, habían estado, antes de que yo naciera, algunos bocetos y cuadros del pintor Ben Yessef. Con varias anécdotas, supongo que muchas de ellas inventadas, la vecina de arriba se había encargado -cuando éramos pequeñas- de contarnos cómo, cuando el piso tuvo otra distribución, allí había vivido el pintor, que por aquel entonces se acercaría a la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría; aquella casa con jardín que fue casa y estudio del también pintor sevillano Gonzalo Bilbao, justo una calle más allá de la nuestra.


Y me imaginaba las manchas en el suelo, el olor de la pintura, el papel desordenado de los pliegos que esperan el color. Y a veces, de vez en cuando, hasta una paloma.
Solo de cuando en cuando.

Ahora, veo la portada de la última publicación de Los Cuadernos de Roldán de mano del pintor. Una pequeña antología poética -y 77 cuadernos que van ya- que recorre una mirada desde la actualidad hacia la poesía andalusí, hacia los paisajes de los afectos, hacia la ecología de la memoria. Son las cosas de los de Roldán. Se han ido hasta Marrakech en busca de Almutamid, el último rey taifa de la dinastía de los abadíes, de Sevilla, que murió desterrado en aquella ciudad tras ser derrotado por los bereberes.

Y ahí está Ben Yessef, abriendo el cuaderno. Y un poco más adentro, mi poema.

Los rostros,
los gestos,
las voces:
la vida.

Se presentará en la Taberna Aurora, de la Alfalfa, que cumple 100 años,
el sábado 13 de abril, a eso de las 12 horas.