domingo, 5 de abril de 2009

El fuego llama al fuego



*A Leonard Cohen, Blanca Andreu
y la madre que me parió.*



Cuando todos los ángeles caídos
llamaron con sus nudillos
a las tres puertas que esconde
la ciudad de Getsemaní,
-era primera noche del séptimo mes-,

temblé

al oír llegar al fuego pisando al frío
(el fuego llama al fuego).




Alerta los sentidos
invocaron en silencio
el preludio de las otras veces
en las que ardieron las piedras
vertidas en raíces de lava
sobre mi piel desnuda.

Las preposiciones rodaron por los suelos
anudando a los vocativos,
treparon por los muslos
y anidaron en el vientre
como el vuelo de las aves migratorias
a las puertas del diluvio.



Ante el muro de las lamentaciones
libre de la insatisfacción de ser prejuicio
desmoronó aquella argamasa de límites
que vinieron a cobijarse en el espacio que existe
entre mi ombligo y el tuyo,
incendiada la geografía del cuerpo
en aquel altar que éramos
en la más prohibida de las fiestas.



Le llamaron Apocalipsis
al desfilar de nombres de la primera declinación
que sabían a pan de ácimo,
miel
y presente,
sin saber que



-de frente-

eres mi libro de cabecera.