sábado, 4 de enero de 2014

Adiós, Diciembre. Gracias

Cuando Enrique Quevedo nos invitó a participar en la exposición colectiva que estaba organizando en la Galería de Félix Gómez, Aure Gallego y yo nos lanzamos a la aventura de llevar algún trabajo que aunara pintura y poesía, tal y como veníamos haciendo con los Árboles Huérfanos y, con aquella bendita locura que se le ocurrió a Aure ilustrando la Gramática Malva. Así que aparecimos en el cartel.

Sin embargo, aunque vimos aquella maravillosa exposición (montones de preciosos CD en los que habían puesto creatividad y talento artistas como Pérez Villata, García Villarán o el propio E. Quevedo), nunca entregamos nada. Es la primera vez que lo contamos pero, quemamos todas las obras en un terapéutico aquellarre que ardió en verde una noche de primeros de junio. Sí: ardieron todas las obras que Aure había trabajado sobre un verso mío. Excepto dos: una que el propio artista regaló a una amiga que lleva por nombre Esperancita Verde (ahí es ná). Otra, que guardo en casa como tesoro vivido.
Ahora, que el tiempo es otro tiempo, es hora de rojos y negros, de café, de verdes, de poemas, de ilusiones, y de sacar del almario (sic) el agua que nos mueve.
Nuestras obras... aquí. Y siguen expuestas.

Y he ahí que, desde Red House Art & Food nos llega también la interesante propuesta de celebrar el Aniversario de su apertura participando en esta otra exposición colectiva sobre platos. O como hacer de un sueño horizonte y alimento. Y allá que van el "Plato menguante" (de Aure Gallego) y "El sonido apagado de cualquier sombra de ti", en homenaje a Chavela Vargas.

Qué quieren que les diga. ¿Que los Árboles Huérfanos seguían expuesto en el Ateneo de Mairena mientras esto sucedía? ¿Que, a veces, de cuando en cuando, parece fácil vivir sin más gramática que la de un adjetivo prendido al alma con punto de cruz? Quiero que conste en acta, para cuando lo olvide, que el oficio de vivir y el oficio de poeta muchas veces duelen, como la Agonía de un Cachorro gitano (la expresión se hace necesaria. Así lo hubiera querido C. Pavese, no me cabe la menor duda). Y otras tantas merecen algo más que la pena.

¿Dije pena?

No. No nacimos con el sello de la casualidad en la frente
sino con sed de preguntas y vocación de respuesta.
Pájaros provisionales de vuelo perpetuo destino al presente.

Hacer de la utopía
un cobijo para la vida
tan inalcanzable
como irrenunciable.