miércoles, 3 de abril de 2013

Un espejo es una intención


Lorenzo Ortega, Teresa Aguilar y Lola Crespo
¿Conoce Vd. paisajes pintados en los vidrios?
Un espejo es una intención. Y la perspectiva requiere espacio. Y tiempo. Es por eso que me tomo semanas para publicar esta entrada que trata de reflejar, en pocas palabras y con algunas fotos, que había una "intención" ("determinación de la voluntad en orden a un fin") tras aquellos nombres gastados, tras aquel conjunto decadente de brillos, tras las manos de la alfarera.

Una mujer modela barro humildemente. No sabe si su nombre se reflejará en la tarde. Tampoco le importa. Son sus manos las que hablan arañando a la muerte las marcas de la vida. Y traen agua y marfil y herida y ron y cien historias cosidas a una gargantilla y a un zapato.

Una mujer modela barro humildemente y saca de lo informe la belleza desigual de un fragmento, la apariencia de un ser que no será; la vida que permite el barro. Nos acompañará durante el recital hasta que se rompan todos los hilos que sostienen la música de todas las maderas que hacen de escenario; de todos los truenos del día. 

Una mujer, que se sabe ocre y tierra y grieta, se hace poema en silencio, mientras una voz de voces recorre el laberinto de Ariadna, o se imagina un azul en Indochina con veinte barcos de barro que zarpan por un mar que alguien inventa. Y como no tiene horno en el que secar las piezas, todas se plegarán en esta muerte húmeda, ajena a la piedad de la belleza, para volver al barro humilde que una vez fueron.


Ahí están las que ya no son. Ahí son las que aún están sin ser. Ahí. En los paisajes. En los vidrios. En los cristales que mastico hasta indigestarme.

Un espejo es una intención. Por eso quiero dar las gracias a todos/as los que colaborasteis en el Encuentro poético de "ayer". Ha sido una suerte para mí contar con cada uno/a de vosotros/as, con tanta buena poesía en un sitio que se construye y reconstruye -como cualquier lugar, ya sea acera, orilla, escalera, plaza o los bajos de una mesa de comedor- en función de quiénes lo habitan, o transitan, o juegan con él.

María Luisa Víu y Lorenzo Ortega
Pablo del Barco y Lorenzo Ortega
Enrique García
Lola Crespo y Teresa Aguilar (Cerámica Fango)

Tomás Illescas

Es cierto que, ante el espejo, uno puede columpiar su sombra o decir "yo sólo pasaba por aquí". Pero para los que conocemos el borde del vidrio y hemos experimentado su filo cortante y lo sabemos poesía, más allá de un libro o más allá del calambre del brillo de un foco tan efímero como cualquier comentario, nos mojamos. No, aún más: nos empapamos, porque nos arrojamos a ciegas sabiéndonos parte de. El resto, la cultura del escaparate, que quede para los que aún no saben atravesar el cristal y solo pasan de puntillas, aunque suelen armar ruido; para los que van y vienen sin quedarse, porque aún creen que ultramar es una palabra renacentista y, sin mecenas, las aventuras mejor dejarlas para los aventureros, generalmente marineros de baja cultura, gentes inmersas en vidas baratas (y sin depilar); gentes con miedo a perderse en la brújula que señala que hay manos y manos, murallas y murallas.

Conviene, de vez en cuando, introducir humildemente las manos en los misterios del barro, saberse tierra o aire, quemarse en el fuego, sobrevivir a su latigazo; cortarse con la arista enquistada -sabe Dios desde cuándo- en nuestra piel; o hacerse música y viajar al latido de cualquier estación rota. Reconocer en la sencillez del barro la grandeza de ser-siendo. Y saberse soga, llaga, ceniza, húmeda interrogante, desierto estéril, tumba y azogue. Sobrevivir a la herida. Sobrevivir a la palabra. Cruzar el laberinto, ponerle trampas a Ariadna y darle una oportunidad al Minotauro. 

Conviene, de vez en cuando, brindar sin adjetivos.
Gracias por llenar la sala. Gracias a los que quisisteis acudir, pero no pudisteis. Gracias.

David Postigo y Dani Alguacil

"Las púas
ponen a salvo el jugo,
convierten la piel en ánfora,
el sol en reflejo.
El barro cede ante el contacto sin mandíbula.
Si el que muerde se equivoca, está perdido".
Lorenzo Ortega
(Fragmento de su poema "Frente a Dorothy Parker". Inédito)

Todas las fotos del acto aquí, en el álbum de José María Almunia, en la mirada verde (y roja) de Tomás Illescas, en la del ojo de pez del anónimo de la pieda; o en la nuestra.