martes, 8 de septiembre de 2009

Hacia una gramática... malva

"Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo"
Wittgenstein

Éramos horizonte sin ex libris
con la firma del níspero sobre la tierra,
artificios incompletos,
manchas tipográficas
que miraban el cielo de cualquier tarde.

Jugábamos a tirar al agua La piedra Rosetta
en la escritura especular del río
y la sonrisa del tétanos.

En la villa de los papiros
crecía el cáñamo y la ruina
y las estelas del paraíso
junto al manglar,
en papel pijama.

Habitábamos el sonido
y memorizábamos el viento
-prólogo de los intérpretes
de lengua en lengua-
calcos del agua.
Y los nombres,
a punto de entrar en filas
con el énfasis del calor en la siesta,
cuando la afasia traía adherida
la hierba fresca
en aquel lenguaje interior
de nuestros límites,
junto a la identidad hambrienta.