sábado, 15 de agosto de 2009

Pica, pica

Era difícil entender que aquella contracción rítmica no tuviera corazón, aquel latido de la vida al impulso del agua.
Toda belleza es arbitraria, absurda y, probablemente, estéril. Probablemente. Pero la señorita medusa era una joya de carne (¿de carne?) a cuya elegancia había que inclinarse, más aún, sabiendo que con aquel baile se acercaba peligrosamente a la orilla, para quedar varada entre las piedras del desprecio.
Así era la elegancia descerebrada de la medusa.

Lo que a unos les parece coquetería, para otros es cuestión de supervivencia.
En esa ocasión, de la señorita medusa, claro.

3 comentarios:

  1. Son muy hermosas las medusas azules, joyas, como tú dices; corazones burbuja. Pero la belleza siempre tiene sus peligros.

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  2. Lo malo es precisamente que sólo se puede vivir contoneándose .
    Cuando la medusa se hace vieja queda muy mal.
    O no??
    Pero ésa es su esencia.
    Un besito,genia.

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  3. Muchas gracias Lola. Te escribí por allí. Pero he querido "enredarme" en esta madeja... Siempre hubo una madeja entre mis manos, para ovillarlas de entre dos sillas, mientras la sinapsis se tejía sin albor.

    Un abrazo,
    Montse.

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