Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de enero de 2017

Ciclo de blues en La Carbonería

Ven a recorrer parte de la historia del blues. Ven a nuestro cruce de caminos. Siéntate a la sombra de Robert Johnson e imagina a Johnny Winter escuchando a Bessie Smith, o a Rosetta Tharpe jugándosela con la Purple Snake Blues Band de la mano de Lola Crespo (voz y textos), Fau Trujillo (guitarra y voz) y Juanma Meléndez (armónica).

Dónde: La Carbonería (entrada por C/ Céspedes)
Cuándo: Sábado 4 de febrero a las 20.00 horas.
Entrada gratuita.
Duración aproximada: 45 minutos.
Organiza: La Carbonería S.L.






martes, 13 de diciembre de 2016

La última voluntad de Jeanne Baret

Este es el texto que Ana Alvea creó para dialogar con "La muerte sobre un caballo pálido", allá por la presentación en la Feria del Libro. Y es una preciosidad.


La última voluntad de Jeanne Baret 
(exploradora francesa, 1740)

Hace años llegué a Isla Decepción disfrazada de hombre. Soñaba con navegar y dar la vuelta al mundo, en algo más de ochenta días. Aspiraciones vetadas  para cualquier mujer de mi tiempo.

Con Ana Alvea en la Casa del Libro.
En mi travesía he descubierto muchos prodigios. Y entre ellos, a los habitantes de esta isla: Los domadores de fuego. Desde pequeños se adiestran para convertir  las llamas en agua, cuando la hoguera es avivada por el Viento de la Discordia, que la empuja a propagarse por todo el bosque para que arrase  la isla. Si algún crío no lograra amainar con su corazón un incendio, el Consejo de Sabios Ancianos clama entonces a la Diosa de la Lluvia, para que en dádiva, se derrame sobre ellos. He aquí el secreto de su paradisíaco paisaje: no conocen la destrucción, ignoran el fatídico daño del fuego enfurecido sobre la fauna, la pureza del agua o de la atmósfera, sobre su propia tribu.

En esta pacífica isla quisiera vivir mis últimos días. Bajo este sol, en el calor del fuego amigo.

Lejos muy lejos
del infernal ruido de los videntes.


viernes, 9 de diciembre de 2016

Me pronuncias...

Me pronuncias. Soy tormenta que crece y muerde tu nuca.
El dolor naufrago de todos los faros en el crepúsculo.

Con la primera brisa han llegado cargados de hombres rotos los pájaros,
sucios como trapecios sobre el océano.
Bandadas amarillas como cometas en la arena,
Juan Cuevas ante el escaparate/fondo marino de "La Beni"
quebradas por los anfibios
que lloraban entre nuestras piernas.

Aún bebe el dolor del cristal
donde Noche marchó a mendigar.

Me callas. Y es de alga tu huida.
Tan roja la amapola que pisas.

Desde aquí sólo escucho
el color vencido de las viejas ballenas,
trazo mapas desordenados
al amanecer,
espero que la brújula señale
el camino de los cordones desatados.

Aún tarda la lluvia
en borrar las encías de las caracolas.
La madera tiene memoria de buzo.
Hay otro mar donde podremos
Negar el agua que nos unió.

Te nombro.
Como un planeta desorbitado,
como a los insectos que duermen
en el dorso de mis manos.
Desde el asombro te nombro.

Quedará el agua
y su memoria desbordada.
Las geometrías desaprendidas
en la esquina de los días.
El humo donde ardieron
todos nuestros barcos de papel.



Juan Cuevas, Sevilla, 2016 (para La muerte sobre un caballo pálido)

lunes, 5 de diciembre de 2016

Transgredir las sombras de la noche


Quienes nos han leído (u oído) dicen... (II)

"En los enjambres solitarios de un cruce de caminos diseñado por Fau Trujillo y Lola Crespo, entre marcas de agua de guitarras, suenan las letras la magia de sus negros. El tacto de una pluma embriagada de azules me recuerda que, aunque el pájaro sigue volando entre las nubes y el whisky junto al hielo, cada vez que los labios se acercan al brocal de la copa, igual que el blues, su sabor nos refresca y nos quema con suavidad. 

Junto a la verja de arpillera trenzada, la blanca pluma que el pájaro de fuego nos regala, invita a trasgredir las sombras de la noche y a abrir la jaula herida para que el blues nos cuente a qué saben las cuerdas de sus guitarras. Y comienza el concierto de las letras, página a página, mientras Fau, con sus certeras yemas, manda a su abultado vientre los sonidos que Ella, la guitarra, nos regala. 

A la sombra de Robert Johnson, dos autores nos pasean por la promesa de un viaje a New York, una visita al Brooklyn tejido a golpe de blues, y las negras laderas de un Chicago vestido del soul que uniendo jazz y blues, da cuerpo al triunvirato. Junto al sudor del mástil nos sumergen en la edad del Mississippi y asomados a los balcones de New Orleans nos tararean la voz negra de la guitarra de Jane Lee, nos cuentan la intensidad del blues rock de Johnny Winter y del desgarro desatado de aquella hija del amanecer de voz carbón que llamaban Rosetta Tharpe. 


En otra arteria de este delta, que parte desde un cruce de caminos, nos enseñan la voz de San Francisco siguiendo los meandros que la sinuosa piel de la víbora dibuja en el terreno atraída por las decenas de discos que John Lee Hoocker dejó a resguardo en la casa del blues. A mis ojos atorados, se le encendieron lágrimas de negra sal al detenerme en la autopista 61. Al ver la sangre de Bessie Smith corrieron a esconder en su vagón, a resguardo del frío de la ausencia, todos los recuerdos negros que ella nos parió. 





Con esta comba musical que nos dirige, se nos invita a un salto desde el enero en Tennessee hasta el julio de Memphis mientras escuchamos esas notas bucólicas que, aún lejanas, huelen a vaca y al humus conque Fred McDowell fertiliza sus músicas. Victoria Spivey, Miss Victoria nos ofrece, cigarro y guitarra en mano, toda la sombra de su piel negra con elegancia. Ella, ahora, desde su otro reino, sigue cantando con los compases desgarrados de su voz.

Al final de todos los caminos, a la sombra de Robert Johnson, nos espera Muddy Waters para romper los silencios con su guitarra y contarnos que todos los suburbios de su Chicago siempre fueron negros, como el gato. 

 Un bonito paseo, a la sombra de Robert Johnson, donde la protagonista tras hacer un gran pacto con el diablo, se sigue llamando música y más concretamente, guitarra; guitarra y blues, guitarra herida".


Juan Martínez Iglesias
Diciembre de 2016

sábado, 3 de diciembre de 2016

'Dame una palabra y te daré un mundo; dame un punto de apoyo y moveré... ' Word & World & more.  A la sombra de R. J.
Fau Trujillo & Lola Crespo.

Diario de Sevilla, 3/12/16





viernes, 2 de diciembre de 2016

La hora del blues

"¡Sacudíos el polvo de las pupilas! ¡Desperezad vuestros corazones del letargo! ¡Dad rienda suelta al gozo! Lola Crespo vuelve a las andadas. Y lo hace con una poesía de muchos quilates. Sí, con ritmos diabólicos y geniales, desde el blues más auténtico y genuino, llevándonos hasta confines nunca hollados por la palabra convencional. Y es que la pujanza de su música, el empuje del sonido, el definitivo caudal de ritmos con que se pueden expresar los sentimientos… transforma, en metamorfosis radical, la percepción con la que nos emocionamos ante el mundo de la vida. 


Los personajes de esta historia se afanan por alcanzar cumbres celestes, por desvelar del vacío una nota maldita, por esculpir una frase superlativa, que aún destila, en su rumor a oleaje, sabor a insomnio, alcohol y melancolía, y versos de monumental fuerza…, todo para fusionarse en una composición inigualable. 


Brotan desgarraduras de las cuerdas; emerge, poderosa, la voz quebrada de la noche, danzan las estrellas en la inmensidad, y los ocasos dejan su lugar a melodías pegadizas e imposibles de eludir. Todo para deleite de los sentidos más exigentes. Acaso sea la palabra lírica una excusa para ensimismarse en mundos de fulgor inaudito, con resonancias tremendas e ideales, de paladar sabroso y con tintes de intensidad crepuscular, plena en matices y sugerencias…acaso. 

En el poemario, Lola Crespo bucea por paisajes de leyenda, aureolados por el exceso y el placer, y una infinita sapiencia anima sus páginas, insuflando color y melancolía a las figuras. Su palabra poética nos traslada hasta atardeceres nimbados de horizontes, repletos de raíces jugosas. La pretensión de recrear imposibles, de dibujar imponderables, de corregir lo efímero con trazos de perdurabilidad… está en cada una de sus páginas. 




El ávido lector podrá recoger todo un cúmulo de cosechas feraces, que huelen a trigo y a libertad. Porque de eso se trata, de ser libres en y por la palabra poética… todo se confabula en este poemario para hacer añicos la indiferencia. 

Es la hora del blues. Es la hora de la poesía".

Daniel Montes Rivero

lunes, 23 de mayo de 2016

Los lectores dicen... (III)

Siglo VIII a.C: Según cuenta Homero en la Odisea, Ulises, navegando por el Mediterráneo de regreso a Ítaca, se hizo amarrar al mástil de su barco para no caer en la trampa de las sirenas que, con su canto, atraían a los marineros a estrellarse contra las rocas.

Principios del siglo XIX: Según contaba él mismo, el pintor romántico Joseph Mallord William Turner sobornó a unos marineros para que le ataran al palo de un barco durante una tormenta, y así contemplarla y vivirla desde dentro.

Principios del siglo XXI: La poeta Lola Crespo se amarra a un puñado de palabras, para navegar sobre ellas, y mirar de frente a la tempestad que nos azota por dentro. Y cuando el lector comienza a leer La muerte sobre un caballo pálido, apuntes para una tempestad (Cangrejo Pistolero Ediciones, 2016), sentimos que Lola Crespo nos amarra a su mástil y ya no podemos (no queremos) huir. Y horroriza la tempestad, el torbellino de dolor, angustia, miedo, que la autora hace nuestros. Y nos fascina, nos hipnotiza y no podemos dejar de mirar. Y sabemos que su tormenta es la nuestra.

No es preciso que un poema haga referencia a una anécdota real para que tenga valor (“También la verdad se inventa” decía Machado), pero lo cierto es que, cuando te adentras en este libro, tienes la impresión de que un dolor concreto, tangible, atenazaba a la autora; de que amarrarse a su angustia, nombrarla, fue su forma de sobrevivir; de que estos poemas tienen algo de exorcismo.

Y ello a pesar de que Lola no cae en la trampa (que habría sido legítima) de retratar detalles concretos para buscar la emoción. 

Ella no cuenta las cosas que le duelen, sólo recurre, una y otra vez, de manera obsesiva, a la metáfora del mar y la tempestad: Islas, truenos, ahogados, mástiles, noche…

  “Bienaventurados los que se miden con el mar / porque de ellos serán todos los naufragios”.

Mientras leemos, más que a estar amarrados en un barco durante la tormenta, tenemos la impresión de estar sentados en la playa, después de la tormenta, viendo cómo las olas arrojan a la costa los restos de un naufragio. Poemas cortos, de formas muy distintas, sin hilo narrativo, que ni comienzan ni acaban. Parecen fragmentos de algo mayor, de un barco hundido cuya forma podemos llegar a intuir, pero que nunca se nos revela en su totalidad.
Y, junto a las palabras de Lola, las ilustraciones de Ángeles Fernández. Cuerpos famélicos, calaveras, medusas, hojas secas. Imágenes que se entremezclan y se clavan en las palabras, como las algas y las caracolas se incrustan en las tablas del barco hundido. Imágenes que intensifican el desasosiego, la mezcla de horror y fascinación, el no querer mirar y no poder dejar de hacerlo.




La tempestad nos devasta en esta travesía, pero nunca vence la desesperación. Podemos sentir que, en algún momento, cesará la tormenta. 







“Porque todo era un medio para ser feliz (…) Y una luz por esperar”.




TEXTO: ANTONIO J. SÁNCHEZ FERNÁNDEZ

jueves, 12 de mayo de 2016

miércoles, 4 de mayo de 2016

Apuntes para una tempestad (II)


"Tormenta de nieve: un vapor situado delante de un puerto hace señales en aguas poco profundas y avanza a la sonda. El autor se encontraba en esa tempestad la noche en que el Ariel abandonó Harwich". Con esta larguísima descripción, J. M. William Turner subtituló su obra "Tempestad de nieve en el mar" (1842).




Se atribuye a Turner el pasaje de la leyenda que le sitúa convenciendo a un marinero, en plena tormenta, para que lo introdujera en ella con el fin de experimentarla. Dicen que, entonces, se hizo atar al mástil –como Ulises sobreviviera a las sirenas- en su necesidad de captar la autenticidad de la desmesura y el trazo del miedo de la tempestad.

La genial imprudencia de Turner me parece la imagen perfecta para condensar el arrojo ante el peligro, el gesto ante el reto de la naturaleza que trasciende al ser humano y, sin embargo, no deja de formar parte de su propia esencia. "Faltó poco para zozobrar", escribió después.

La obra del pintor y su impulso romántico recorren buena parte del poemario "La muerte sobre un caballo pálido", que es también, por cierto, título de otra de sus obras.



“… y acertadamente puede medir el temperamento de la naturaleza”  Ruskin (refiriéndose a W. Turner)

Había que medir el temperamento,  adentrarse en la mirada del náufrago.
Había que hablar en el desierto de los días.
La paciencia es el lugar en el que, a veces, logran descansar los desamparados.
Qué extraña luz ésta que se apodera de la esperanza.
El caos no es más que un cuerpo abierto.
Había que difuminar el mundo,
burlarse del caído Polifemo,
remolcar al Temerario.
Había que…

Autorretrato de Turner


A veces me da miedo la luz. Hay en ella tanta transparencia.
¿Y si la atmósfera está vacía?
¿Y si el aire es sólo aire?
¿Acaso podría ser otra cosa?
 
Lluvia, vapor y velocidad. La luz que cambia. La luz sólida. Los cuerpos líquidos.

A veces me da miedo la luz.
Hay en ella tanta transparencia.
Y traigo la derrota de los siglos.

domingo, 10 de abril de 2016

Érase una vez (Mata mua)

"Mais c'est Donatello parmi les fauves" 
Louis Vauxcelles, crítico de Arte, ante las obras fauvistas.


Mata Mua
(Érase una vez)




Kirchner ha pasado de sanatorio en sanatorio. Los nazis le confiscan más de 600 pinturas. Destruye parte de su obra. Dicen que está loco. Por eso Doris t
iene el cuello alto. Por eso cree, un año después, que va a cazar gaviotas en el bosque y se pega un tiro que hunda definitivamente el color. Por el cañón de su pistola aparecerá el cielo rojo y el mar deformado, una mujer con sombrero, tres modelos desnudas que parpadean con miedo y un salvaje que escribe la palabra salvaje, mientras mira de frente a un general grasiento de un cuadro de Grosz. La prostituta de rojo busca una torre roja a la que rompe los cristales de todas las ventanas, de una en una. Por eso es un degenerado. Por eso, y porque sabe que su sangre conoce el cielo estrellado que dejó Van Gogh años antes. 
Y los colores no encajan.

Por el mismo cañón recortado aparece  Van Gogh intimidando a Gauguin con una cuchilla de afeitar. Luego se corta una oreja que envuelve, cuidadosamente, para entregar a una prostituta llamada Rachel. “Guárdala con cuidado”, le dice. Y ella la guarda como Marie recogió la mirada de Tolouse Lautrec –con ternura- antes de ingresar en un hospital. En un delirio nocturno, habla de Jane Avril. Luego pintará escenas de circo en las que los enanos son otros y soñará sin tener miedo a las arañas.

Necesito un puente sin arquitectura. Porque hay colores que son la jaula y son pájaro. Por eso necesito un puente que dinamite lo convencional. Por eso quiero ser primitivo, por eso rompo el color, por eso la intuición será mi diosa y la amaré sobre todas las cosas. También por eso, nunca habrá un manifiesto. Dame una forma y alteraré la línea, escribe con un dedo sobre el vaho de una ventana parisina Matisse. Ahora que pienso con la mano; ahora que araño con la gubia, recuerdo a Renoir con sus pinceles atados, obligado por la ceguera de lo bello. 

Qué lejos Mata mua, qué lejos el que cultiva las nueces.

Y Donatello siempre amará a las fieras. 


miércoles, 17 de febrero de 2016

Aquí es donde nos fascina el relámpago

“Saberse a salvo mientras se cabalga hacia La muerte sobre un caballo pálido, mientras se ata, una misma, con dos giros de muñeca, al mástil del barco. Acertadamente supo medir el temperamento de la tormenta hasta quebrase, hasta quebrarnos. Y vivir”.
LPV


No hay héroes en estos poemas, ni lugares que sustenten a sus personajes, más allá de la metáfora del itinerario hacia Isla Decepción. Y el mar. Los que naufragan en esta historia son aventureros vestidos de tragedia que, sin embargo, aún creen en la utopía. Se asoman a sus abismos y a sus destinos. Hospitalarios con los supervivientes del fracaso, son tan reales como los protagonistas de una leyenda.

Pronto, más noticias.

 
https://www.facebook.com/CangrejoPistoleroEdiciones/photos/a.272190596253070.1073741841.271629392975857/604837649655028/?type=3&theater

sábado, 30 de mayo de 2015

Will you die for me?


Will you die for me? 
J. Morrison

I

Pronunciaron el hambre y comieron de tu boca, como crías indefensas.
Te hablaron del arrecife.
Los milagros siempre son de otros, aseguraron.
El mar es frágil, no lo olvides.

II

¿De qué me hablas cuando inventas el drama de la luz?


III

Cuando ángeles en la noche, cuando ángeles en sombra, cuando ángeles vacíos.


IV

Vomítame el miedo al enigma que soy.


V

Me encontrarás de frente.




Tamara de Lempicka

lunes, 4 de mayo de 2015

Mayo mayea: Actividades en la FLS

Estas son algunas de las actividades en las que participaré en la Feria del Libro de Sevilla. Desde aquí puedes consultar el programa completo.


-Sábado 9 de mayo, a las 13.30 horas: Homenaje a La Carbonería. Poesía y música. Caseta de Ediciones en Huída (número 7).


-Sábado 16 de mayo, a las 11 horas: Taller de escritura creativa para niños/as (entre 8 y 14 años). Inscripciones en la Librería El Gusanito Lector o en la propia caseta de la Feria (plazas limitadas). Gratuito.


-Domingo 17:  Hilo a hilo: Exposición de libros intervenidos artísticamente en homenaje a Rafael de Cózar y recital poético.  Pérgola de la Plaza Nueva, 20,30 horas. 
Participan: Aborojuan, Manuela Domínguez, Pilar Alcalá, Pepi Bobis, Fran Nuño, Margarita Cuadrado, Lorenzo Ortega, Anabel Caride, José Ángel Moreno, Elena Marqués, Ana Isabel Alvea, Gloria de la Torre, Saray Pavón  y otros poetas y artistas. Música de David Postigo y cerámica (modelado en directo) de Teresa Aguilar (Cerámica Fango). Coordina, Lola Crespo.
Colaboran: El Gusanito lector, Guadalturia ed, y Ed. en Huída.



Obra de Teresa Aguilar

Obra de María José Collado sobre tema de R. de Cózar.

domingo, 8 de marzo de 2015

Nosotras, las que no

Los huesos de Alejandra brillan en la noche, en la garganta viva de un pájaro petrificado. Dice que comprende la verdad. Que comprende la verdad, dice. Y Teresa vive sin vivir en sí. Concha busca sonrisas de recambio y Alfonsina se ahoga entre algas por una casa de cristal. Qué terrible es lo que nos pasa, Safo.

Me gustaría decirte que muchas quisimos, aunque no supiéramos bien por qué, llamarnos Frida. Pero no lo fuimos. Ni Lempickas, ni Ariadnas, ni Lucrecias. Te diré que nosotras, las predecibles, las que dolemos antes del mes porque se nos ve venir, porque terminamos en a
día, planeta, mano;

nosotras, las que estamos siempre al frente sentadas en la última fila, o en escenarios invisibles
nao, seo,

como la Mistral, amando las cosas que nunca tuvo;

nosotras, las cortas, las torpes, las que no llegan a, las que saben poco de, las que mejor no. Nosotras los trabajos, las noches, la jaula, la danza, Alejandra, la jaula, Alejandra, la jaula, la jaula, la jaula, la jaula de arteria, Sylvia.

Nosotras, las que no sabemos las reglas: clima, trauma, programa. Nosotras: problema, dilema, poema. Nosotras, párpado de Cristina y vista de Wislawa. Nosotras, aburridas de las sordas orillas del Sar. Nosotras, Rosalía, que llegamos al fin de la tarde o a fin de mes. Nosotras, Ernestina, empeñada en ser isla, en ser signo que persigue el mar y sus entornos. Nosotras, las Glorias, islas ignoradas. Nosotras, con nieve en la mano, con el corazón en un puño, como Gertrudis cuando embarca hacia la noche. Nosotras, reclamando a los arcángeles, como la Conde, porque “es igual que reír en una campana” de manos de Roldanas barrocas.

Nosotras, las Venus obesas y adiposas del origen de los tiempos, las del espejo de vitrina, las fecundas, las Maribárbolas, las Aracnes que vestimos desnudas los museos y cuando nos desnudamos somos fulanas y menganas escandalosas. Nosotras, anatomía de consumo, sonrisa de Zenobia, espectáculo de escaparate, musas, las promiscuas musas que servimos a todo Arte, las anoréxicas de templanza, las que no somos mujeres fatales porque estamos hartas de fatalidad. Nosotras las de los márgenes, las periféricas, las lavanderas costumbristas de las escenas de agua quieta, las apostadas a pie de página, las que siempre nos preguntamos cómo se llamaría la mujer de Lot. Nosotras, las ninfas de pelo color mar, las que no tenemos otra cosa que hacer que bailar, amar y cantar; nosotras esfinges, gorgonas y sirenas que nunca oímos la historia de los labios de Clío.

Nosotras, las Juanas, las que “esta tarde mi bien, cuando te hablaba”, también señalamos necedad y cordura. Nosotras, incendio, adelfa, mediterráneo, barbitúrico, niña, Blanca. Nosotras, mujer, Giconda, pájara.

Nosotras, las que nunca enterraremos la placenta para plantar sobre ella árboles efímeros. Nosotras, las que quisimos oler las raíces del fuego, las pangeas, las mujeres barro, las mujeres savia, las sublimes, las derrotadas, las heridas, las rotas, las perdidas, las hechas, las inmunes, las que triunfan, las invisibles, las miles. Nosotras, las de boca de lirio o de ortiga; las de manos de cristal o de cardo, las Chabucas, las Rebecas, las Chavelas, las Piaf, las solas, las que son porque están, las Hipatias, las que enseñamos los días de la semana, los meses, los números, los sentimientos, los colores, todos iguales: el verde, el miércoles, el absurdo, el ciento, el suajili.

Nosotras, las hijas de la Bernarda. Las que fuimos reinas sin países y ciudadanas sin república; las gobernadoras desgobernadas, las sin gobierno, las parias, las impares, las ilustradas a oscuras, las que no pudimos ser Godiva, las que nunca tuvimos un arco, las malinches, las Luxemburgo, las trece rosas, las Gentileschi, las Arendt, las Kent, las Campoamor, las Maeztu, las Beauvoir, las Marguerite, las Fiztgerald, las que viven en el otro lado del mundo y tienen nombres impronunciables y pieles habitadas por una historia muda a la memoria.

Nosotras, las Lispector, aullando a las puertas de la gramática; las Montessori, amamantado sueños; las que firman con pulso de hombre: las Shelley, las Arenal, las Matute; las que son reconocidas años después, las Bronte; las maravillosamente pacientes: las Zambrano, las Curie.

Nosotras, chica española o sudamericana se ofrece para el cuidado de personas mayores, niños o mascotas, por horas o a convenir y también actividades de la casa. Nosotras, también doy cursos de francés y de inglés para todas las edades. Nosotras, las Bovary y las Karenina, las que nos comemos las lágrimas o lloramos con la rabia de Juno. Nosotras, las que cuando estamos tristes seguimos los consejos de las abuelas y nos hacemos trenzas que atrapen la melancolía. Nosotras, las lobas heridas que no deberíamos regar las macetas o lavarnos el pelo durante la regla; las que seguimos dando como madrinas besos en la frente.

Nosotras,
todas,
las que no somos como las demás y las que sí,
las que compartimos espacios, habitamos sueños y construimos tiempos;


nosotras, las otras,
las anónimas,
las que también importan.


Las que también.




Los huesos de Alejandra, poema incluido en el poemario "La cebolla es otra historia"

martes, 6 de enero de 2015

sábado, 6 de diciembre de 2014

Senza riguardo

Con cuidado. Con mucho cuidado. Per riguardo. Así escribe Pere Gimferrer en italiano y reinventa las palabras noche y muerte. Así es la naturaleza de la lengua; así se expresa la semántica del pulso.

Entramos en la fría y húmeda Academia de Buenas Letras sevillana que se me antoja taciturna, desangelada, con las ojeras de una mujer moribunda. Hay marcas de humedad en las paredes de la Casa de los Pinelo, cuyos planos estudié en la carrera: "Al patio principal se accede por un estrecho pasillo en ángulo recto, desde las caballerizas (...) Sobre las columnas hay unas pilastras de yesería y en las enjutas de los arcos medallones con bustos que representan una galería de personajes ilustres. Figuran generales y emperadores romanos, líderes de las guerras púnicas, personajes de la Edad Media y damas del linaje de tiempos de Carlos V. El tema está inspirado en Los siete libros de Diana, de Jorge de Montemayor (1542)...", escribía el historiador Teodoro Falcón. Sin embargo, la humedad y la poca luz me desagradan tanto -parece que van a cerrar, aunque son las 7 de la tarde- que quisiera estar en cualquier otro lugar. Pero viene Gimferrer y Aure Gallego me recuerda que siempre merece la pena ver -dicho con todo el cariño- a un dinosaurio de la literatura, a uno de sus pilares. Entramos. La noche ya se ha hecho noche.
No recuerdo su cara. Sí que tenía pelo largo y gafas de pasta. Ni siquiera sé si está entre las pocas personas que esperan a la puerta de la sala principal. La Fundación José Manuel Lara le ha invitado a presentar su último libro. Ahí es nada: Una de las grandes figuras de la literatura española, uno de los nueve, mano a mano con los lectores y, sin embargo, congrega solamente a una veintena de personas. Cosas que pasan.

Entramos en la sala y no hay duda: Medio recostado, sobre un sofá de terciopelo rojo, una figura imponente, con un enorme sombrero negro, mira con una cómoda distancia a quienes entran. Como el que esperara a la Madame. Genio y figura. Antes de sentarse a la mesa, se quita el sombrero. 

Rafael Valencia, Director de la Academia, le presenta con soltura y Jacobo Cortines, por Vandalia, recorre su obra. Gimferer escucha con su bufanda. Saluda. Dice que es friolero y que, por eso, no se la quitará. La Academia sigue siendo fría, como esta noche de Diciembre. Mientras escucha cómo le presentan, saca un peine del bolsillo de su chaqueta y se peina un mechón lacio. Coquetea con la vida. Y nos encanta. Va a leer y, por ello, se sobrepone unas segundas gafas de pasta sobre las que ya tiene y, ya bien peinado, habla, y habla y habla y se mete en el mismo bolsillo del peine a todos los que escuchamos por su sencillez, por su enorme cultura, por su anecdotario. No alardea de nada. Comparte esa historia viva de la que él ya forma parte. Nuestro raro y viejo poeta nuovo que decide leer los poemas en italiano para que Cortines los lea traducidos. Les añadirá, sin saberlo, el sonido de su respiración, que se escucha rítmicamente desde su micrófono.

Elegir una lengua es elegir una actitud ante la vida: Francés porque es la lengua de Apollinaire y de Baudelaire; Italiano porque ahí está Dante y Pedro-Pere-Peter-Pierre-Pietro leyó la Divina Comedia en su lengua con 25 años. Desde entonces, la ha repasado muchas veces. Tantas como para aprenderse sus pasajes de memoria, como hiciera Alberti con el Polifemo de Góngora, recitándolo hasta que sus amigos le pedían que parara. Tal vez por eso se lo imagina en el Trastevere en uno de su poemas.

Llega el final de la presentación y varias personas compran el poemario. Aure y yo nos acercamos a saludarle, sin libro. 

-Buenas noches, Pere. Somos lectores suyos.
-Y ¿qué tengo que hacer?
-(Risas) Quedarse quieto. Nos gustaría hacernos una foto.

Y Pere se levanta y, efectivamente, se queda quieto, pero nos habla y habla y habla y me pregunta, no sé por qué, si soy lituana, porque me cuenta que me parezco mucho a una chica que venía en el AVE y que sí lo era. Nos cuenta una anécdota que no somos capaces de poner en pie, por loca, por dadaísta, por inmensa. En ella se mezcla la historia de una mujer alemana que se hace pasar por eslava, o viceversa. 



Cosas, y cosas y cosas. Y Pere habla y habla y habla sin cuidado, Senza riguardo.




domingo, 5 de octubre de 2014

"La luz es luz porque dibuja sombras"


Agosto de 2014. Trece libros intervenidos cuelgan del patio de nuestra casa. Aquí la ropa tendida torna en libros de poesía intervenidos porque así lo quiere el Arte.

 Dámaso Alonso se retuerce con su voz radiofónica de mitad de siglo por las heridas del incendio; Paul Valery asoma la quilla de su Cementerio marino, tras haber estado tres semanas sumergido en agua; Blas de Otero pide la paz y la palabra, mientras un alambre aprieta su cintura de libro viejo; Pessoa arroja su desasosiego a golpe de taladro y muestra su cicatriz más profunda; Baudelaire cuenta los caminos que dejan las ceras que arden de varias velas sobre la piel del tiempo, hasta que un lacre sella su itinerario en esta escapada entre las flores del mal; Kavafis se pliega sobre sus viajes y se pregunta por qué Ítaca queda siempre lejos; Leonard Cohen, crucificado por sus memorias, nos confiesa How to speak poetry, hasta que El jardinero, de Tagore renace, como en un insólito encuentro arqueológico, de su entierro de un mes.



Ha sido regado, mimado, removido, vigilado. Todos son hijos de la ira. O hijos de la tempestad que los ha convertido en libros intervenidos por la mano creativa de Aure Gallego. Todos confluyen, hasta conformar veinte títulos más, en EFÍMERO Y CONSCIENTE, cuyo título sintetiza la Exposición de libros de poesía intervenidos, tratados para crear una pieza artística única. Y bajo la apariencia de un delirio destructivo, hay plena conciencia de un homenaje, tan humilde como iconoclasta hacia la obra y su autor. Todos se ponen a punto para abrir la quinta edición del Festival de Perfopoesía de Sevilla. Y se muestran serrados, destruidos y recompuestos, pegados de forma azarosa, quemados, envueltos, partidos, encolados, barnizados, esmaltados... para convertirse, así, en libros-objeto que pueden ser admirados durante los quince días que dura el Festival en WabiSabi Shop Art & Gallery.

Para la inauguración, preparé un perforrecital en el que empleé voces como imágenes de diferentes autores representativos que Aure Gallego expone, demostrándonos que su mensaje, más allá de su apariencia, permanece. Voces, ecos, recuerdos, testimonios, silencios. Voces sobre voces, a veces colapsadas en un discurso heterogéneo y con-sentido arropado por la danza y el gesto.

Es hora de agradecer el trabajo de los que han hecho posible que Efímero y consciente sea una realidad. A los organizadores del Festival, Antonio García Villarán y Nuria Mezquita; a María López Vergara y Manolo quienes, desde su casa de belleza imperfecta, nos han permitido sentirnos como en la nuestra; a Teresa  -Cerámica Fango- por cedernos sus preciosos pedestales y clavos de hierro oxidado y curtidos, como nuestros libros, por los días de los días; a Irene Marta Gil, por ponerle voz y entusiasmo a la vida, y Eva Herrera y Dani Alguacil por su ayuda con la tecnología. 



Y, cómo no, a todos los que nos habéis acompañado y a los que nos acompañaréis en estos días.


Lola Crespo, María L. Vergara y Aure Gallego



Quedan dos semanas para disfrutar de este Festival que consigue que Sevilla sea un auténtico foco cultural en torno a la poesía. No lo duden: asistan, participen, disfruten. "La luz es sólo para los valientes" (Gracia Iglesias).