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viernes, 9 de diciembre de 2016

Me pronuncias...

Me pronuncias. Soy tormenta que crece y muerde tu nuca.
El dolor naufrago de todos los faros en el crepúsculo.

Con la primera brisa han llegado cargados de hombres rotos los pájaros,
sucios como trapecios sobre el océano.
Bandadas amarillas como cometas en la arena,
Juan Cuevas ante el escaparate/fondo marino de "La Beni"
quebradas por los anfibios
que lloraban entre nuestras piernas.

Aún bebe el dolor del cristal
donde Noche marchó a mendigar.

Me callas. Y es de alga tu huida.
Tan roja la amapola que pisas.

Desde aquí sólo escucho
el color vencido de las viejas ballenas,
trazo mapas desordenados
al amanecer,
espero que la brújula señale
el camino de los cordones desatados.

Aún tarda la lluvia
en borrar las encías de las caracolas.
La madera tiene memoria de buzo.
Hay otro mar donde podremos
Negar el agua que nos unió.

Te nombro.
Como un planeta desorbitado,
como a los insectos que duermen
en el dorso de mis manos.
Desde el asombro te nombro.

Quedará el agua
y su memoria desbordada.
Las geometrías desaprendidas
en la esquina de los días.
El humo donde ardieron
todos nuestros barcos de papel.



Juan Cuevas, Sevilla, 2016 (para La muerte sobre un caballo pálido)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Caronte y Psique, por Lorenzo Ortega

Aquí el precioso texto con el que Lorenzo Ortega nos presentó, a Miriam Palma y a mí, el pasado sábado 19, en el recital de exilios y tormentas, en la librería Un gato en Bicicleta. 

"Exilios y tormentas. En torno a Caronte y Psique" -ponía en el cartel. El aula era laberíntica, digna de un dédalo sin lengua. Miriam y Lola alternaban versos. Un corro de chicharras cantaba tras la ventana. Fuera había fiesta. Y musgo en las tapias del cementerio.
-"Algunos poetas habitan los umbrales en los que las palabras aún invocan a las cosas" -recitó Miriam.
-"Aquel tridente bestial se nutría de mis latidos. Los únicos que desprendían un destello de humanidad en el despertar del dolor" -recitó Lola.

-Maestra, maestra -llamé desde el pupitre de atrás.
-¿Por qué nombras dos veces? -oí decir a Caronte.
-Porque hay dos -le contesté.
-No interrumpas, no molestes, con quién hablas, por qué hay dos -dijeron las pitias desde la pizarra.
-Porque tenéis dos ruecas. Y dos mares. Y dos exilios. Y dos caballos blancos -contesté desde el pupitre de atrás.
-Y tú tienes dos manzanas rojas envenenadas -oí decir a Caronte.
-Me las diste tú -le recordé.

-Con quién hablas, con quién hablas -dijeron las pitias desde la pizarra, mientras bajaban el escalón de la tarima que las mantenía elevadas un palmo.
-Con nadie -dije.
-Mentira, mentira -doblaron las pitias.
-Con Caronte -rectifiqué.
-Mentira, mentira -repitieron mientras avanzaban entre las mesas.
-Con Demian -aseguré.
-Mentira, mentira -dijeron-. ¿Y estas manzanas? -preguntaron en mis sienes.
-Para vosotras. Por los valles de lágrimas. Morded.
Y entonces murieron a este lado para atravesar el tiempo mítico, para hilar secretos al viento. Y soplar su canción: "Dame veneno que quiero morir, bello Caronte". Y renacieron dos Psiques nuevas, una a cada orilla del río. "Y en cada puerto tengo una mujer", silva Caronte. Hasta quebrarse. Hasta quebrarnos.

Algunas fotos de la acción poética, en este enlace.