miércoles, 4 de junio de 2008

PASOS - LECTURA POÉTICA


Este viernes día 6, a las 19,00 horas, en el salón de actos de la Biblioteca Municipal Infanta Elena de Sevilla, el grupo poético Baratillo Joven CreAcción poética se reunirá para compartir con el público que quiera asistir la palabra vestida de poema.

La entrada es gratuita y la ocasión lo merece.

Poesía textil (y fluvial)

Tuve frío
y llegaste para
abrazarme
con palabras a medida.
Pero no fue suficiente.

Entonces desbarataste la realidad
para incendiar las pausas
y arroparme
con los signos de un alfabeto nuevo.
Tampoco bastó el intento.

Trajiste mil acentos distintos
para tejer cien texturas amables
y arrojar de Babilonia
unas líneas de la palma de mi mano.


*****

Pero
no existe
el tapiz
capaz
de abrigar
al río
que,
por contra,
es
y será
frío.


*****







Aeropuerto I

"Primero los niños y las personas de movilidad reducida",
dijo la azafata con voz de eco.

Y la esposa triste,
la amiga sin música
el hombre vacío,
la chica sin olor,
y el señor que pensaba en las ausencias
se miraron de reojo
al fondo, siempre los últimos...

mientras se agolpaban en el mostrador de facturación
junto a la puerta de embarque,
varias decenas de viajeros
roncos de gritar socorro.

(A) Ellas

Llevaban a una niña de seis años, sagrando por la nariz, de aquellas hemorragias crónicas que la debilidad provocaba. Subidos en el coche, el practicante del pueblo guiaba al conductor para llegar al sanatorio más cercano, desde ******, antes de que la noche hiciera acto de presencia.
Los pararon a la mitad del camino, en aquella carretera borracha de curvas, en medio del campo. Iban armados todos. Hasta Ella, una republicana, de izquierdas, de 14 años, que se empeñaba en lograr que su hermana tuviera atención médica inmediata para no morir desangrada.
Me contó que aquellos desconocidos que olían a muerte los dejaron pasar, tal vez complacidos del daño de aquella niña medio muerta.

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Sé que Ella oyó por la radio, aquella tarde gris de odio, cómo una voz tan asesina como enérgica daba la orden de seguir y matar a su hermano, que había escapado por la sierra de *******. En ese mismo instante, -los segundos que tarda en oirse el apellido propio en el aire sembrado de muerte- el párpado derecho se le cayó para siempre, mientras su alma monárquica y de derechas, rodaba sin remedio aún más abajo.

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Des+en+laz+ad+o+s y desenlaces)

... Sufría tanto con aquel dolor de cabeza,
tanto,
que Ella le sugirió -por favor, siempre por favor-
que le aliviase del peso de varias metáforas,
porque la abatían en exceso.


Entonces Él, siempre con su mejor intención,
siempre,
tomó con exquisita delicadeza -de cortesía británica-,
aquel espejo roto con el que
le sesgó el cuello sin miramientos.


Apretó todo lo que pudo hasta cortar
finamente
-no podía haber sido de otra manera-
aquel cuello incapaz de seguir erguido,
carente ahora de toda posibilidad.


Dicen que su corazón, agradecido, descansó
por fin
-siempre hay un final-
de aquella literatura vital
que lo había hecho preso.


Dicen que Él, inmediatamente,
dibujó una onomatopeya de flores
hecha de piedras,
y se colocó aquella guirnalda de dolor
para recordarla siempre.
Y aunque le angustiaba el peso ,
era el chasquido que provocaban al rozarse
lo que más le molestaba,
en el intento desesperado
de encontrar
de nuevo
aquella inspiración
que nunca más volvió.


1ª VERSIÓN PARA UN FINAL

Después de algún tiempo que le conozco,
hoy me ha dicho que
siente un peso terrible en sus hombros
y con una exquisita dulzura me ha pedido
que le alivie de unas onomatopeyas que dice
que chapurrean siempre un nombre.

He roto un espejo en mil pedazos
me he acercado con cariño
y se lo he puesto delante de la cara.
Ha dejado escapar una sonrisa
que me ha olido a violeta,
le he besado como nunca y
hemos sembrado el pasillo de guiones
-hechos de aquellas piedras-
camino del dormitorio.


2ª VERSIÓN PARA UN FINAL


Dicen que, con el tiempo,
encontró a quien describir
aquel peso que sentía en la cabeza
mientras sugería
-por favor, siempre por favor-...

lunes, 2 de junio de 2008

Míralos a ellos, los desconocidos

Míralos a ellos, los desconocidos,
tropezando los inventos por el camino.

Míralos a ellos,
los desconocidos,
los desconocidos,
los desconocidos...

Bienaventurados los que se niegan
a llamar a las cosas por su nombre
porque de ellos será la gramática libre.

Sólo necesitan respirarla
para que emanen polisemias
vestidas de sinestesias
-mejor calientes, y entre frutas-.

A Mario Barranco,
precipicio poético.

Monó(a)logo (in)anterior

Esa testaruda obsesión de llamar
a las cosas por su nombre,
de coger a las ansias
para esclavizarlas siempre.
Ese apetito voraz vestido de reflejo,
ese hielo ardiendo por risa
esa farsa hueca por mirada
esa nada
en medio de todo.
Esa locura encerrada en vidrio
tiritando ruidos,
mientras el hierro, todopoderoso
-la sangre huele siempre a su óxido-
se bebía la libertad
en el juego de la noche.


Qué poco me interesa nada.
Cuánto me interesa todo.





Esta manía tuya de aparecer en los interludios