Planchas de prensa,
planchas de fotos,
placas de zinc,
bases de mercurio.
Fotograbados en tipos de imprenta
descoloridos de tanta intemperie;
tacos de madera agujereados por las polillas
que juegan a excavar avenidas imposibles
para ciudades en extinción.
Y allí al fondo,
entre ocres sucios y amarillos descompuestos;
entre nueve nubes de gasas,
el recuerdo centenario
que te sigue haciendo vivir
con la fidelidad del frío,
en un material que ya
no alberga esperanzas.
sábado, 29 de diciembre de 2007
viernes, 28 de diciembre de 2007
domingo, 16 de diciembre de 2007
Cuestión de gusto
Me gusta leer.
También releer.
Y me gusta acordarme de las cosas que leo.
Por dulce placer.
A veces, por placer masoca.
También me gusta olvidarlas,
por el mismo ambivalente placer.
Y descubrirlas (a veces redescubrirlas, a veces (re)inventarlas,) en cualquier momento.
Y, de pronto, esa señal a lápiz o a boli en el libro,
o en la piel,
esa hoja seca que separa las páginas,
esa doblez alta,
ese beso, esa lágrima, ese muermo que se posó allí,
esa señal sonora en las letras...
trae a la memoria el recuerdo.
Y éste, a veces, está dormido. Otras es violento.
Otras reniega de sí mismo y revienta, y quiere destruirse sin conseguirlo;
otras suma y sigue, y consolida, reconstruye;
otras tira el libro por la ventanilla de un coche en marcha y lo siembra con desdén en una cuneta por donde pasará una fila gigante de hormigas que olerán lo dulce de las letras (las hormigas creen que todo es dulce: viven a ras de la tierra).
Las hormigas devorarán el libro y, con él,
los recuerdos,
el relámpago chispeante de energía
que conduce a la memoria por los laberintos del pasado.
Aquellos que, conforme se recorren, varían sus setos
y deforman las calles recorridas
para que nunca encuentres la salida,
para que nunca salgas
de las arterias que retienen la vida de los sueños vividos
en las letras...
...las de la memoria de algunos recuerdos.
También releer.
Y me gusta acordarme de las cosas que leo.
Por dulce placer.
A veces, por placer masoca.
También me gusta olvidarlas,
por el mismo ambivalente placer.
Y descubrirlas (a veces redescubrirlas, a veces (re)inventarlas,) en cualquier momento.
Y, de pronto, esa señal a lápiz o a boli en el libro,
o en la piel,
esa hoja seca que separa las páginas,
esa doblez alta,
ese beso, esa lágrima, ese muermo que se posó allí,
esa señal sonora en las letras...
trae a la memoria el recuerdo.
Y éste, a veces, está dormido. Otras es violento.
Otras reniega de sí mismo y revienta, y quiere destruirse sin conseguirlo;
otras suma y sigue, y consolida, reconstruye;
otras tira el libro por la ventanilla de un coche en marcha y lo siembra con desdén en una cuneta por donde pasará una fila gigante de hormigas que olerán lo dulce de las letras (las hormigas creen que todo es dulce: viven a ras de la tierra).
Las hormigas devorarán el libro y, con él,
los recuerdos,
el relámpago chispeante de energía
que conduce a la memoria por los laberintos del pasado.
Aquellos que, conforme se recorren, varían sus setos
y deforman las calles recorridas
para que nunca encuentres la salida,
para que nunca salgas
de las arterias que retienen la vida de los sueños vividos
en las letras...
...las de la memoria de algunos recuerdos.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Abecedario vital I
Cuando empecé a conocerle deseé que no parara de hablar, hasta no necesitar las palabras. Y así fue.
Luego inventamos 900 diccionarios que se reescribían cada día solo para nosostros y nunca eran iguales.
Ahora, las sílabas acarician,
las miradas escriben
y los besos pasan las páginas
hasta cuando están mal escritas.
Aun así, él se empeña en ser anónimo,
a pesar de ser el códice de mis secretos,
el incunable más valioso de mi vida
y el entremés que hace que el resto
sea prescindible.
Luego inventamos 900 diccionarios que se reescribían cada día solo para nosostros y nunca eran iguales.
Ahora, las sílabas acarician,
las miradas escriben
y los besos pasan las páginas
hasta cuando están mal escritas.
Aun así, él se empeña en ser anónimo,
a pesar de ser el códice de mis secretos,
el incunable más valioso de mi vida
y el entremés que hace que el resto
sea prescindible.
Algunos motivos
Porque el presente no es ningún tiempo perdido,
porque me especialicé el árboles caidos,
porque la noche arropa a los ruidos,
simplemente,
soy hora
soy hoja,
soy silencio
y soy lo que he sido.
Callad... oigo pasos en la azotea
y me gusta oir al futuro
vestido de tacones verdes.
porque me especialicé el árboles caidos,
porque la noche arropa a los ruidos,
simplemente,
soy hora
soy hoja,
soy silencio
y soy lo que he sido.
Callad... oigo pasos en la azotea
y me gusta oir al futuro
vestido de tacones verdes.
lunes, 12 de noviembre de 2007
PASOS
Niega un paso el siguiente
y así todo camina en dos direcciones.
Ando, andas, anda....
Vuelvo, vuelves, vuelve...
(ven, ven, ven).
y así todo camina en dos direcciones.
Ando, andas, anda....
Vuelvo, vuelves, vuelve...
(ven, ven, ven).
Old willow pattern

Tardó solo unos pocos minutos en diseñar aquella pagoda china
sobre maderos paralelos.
Las líneas columpiaban el cielo,
recortando sus secretos.
A su lado, aquel jardín a medida,
el estanque surcado por el barco de la huída
y el templete junto al puente de palos.
La maleza azul dio la vida al blanco.
Y el pintor consiguió,
entre grecas,
encerrar el paraíso de aquellos dos enamorados que un día se convirtieron en pájaros.
sobre maderos paralelos.
Las líneas columpiaban el cielo,
recortando sus secretos.
A su lado, aquel jardín a medida,
el estanque surcado por el barco de la huída
y el templete junto al puente de palos.
La maleza azul dio la vida al blanco.
Y el pintor consiguió,
entre grecas,
encerrar el paraíso de aquellos dos enamorados que un día se convirtieron en pájaros.
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