Alguien coge un hilo. Puede ser una palabra... y la estira y la besa, y le habla y la colma de sensaciones para, luego, regalarla, o abandonarla, tal vez olvidarla... o mimarla para encadenarla a la libertad de la siguiente, que puede ser la tuya.
Y los colores se funden en la almohada de los sueños que se conmociona. Y las sábanas que albergan las cosas que ya no sirven se hacen transparentes... para que tu memoria aparezca, se tiña de pálpitos, de emociones, de caricias vocálicas o consonáticas que habitan en fueros sin leyes, en paraísos colectivos que te reciben porque nunca te fuiste de ellos.
Aquí estamos, porque nunca nos fuimos. Y mientras el verano pasa... pensando en qué escribir... para oír emociones vertidas en la sal del trazo contenido, en el suspiro cómodo de la piel transparente, que recibe tu aliento, para llenarse de burbujas de vida.
Aquí estamos, porque -en realidad- siempre quisimos estar.
Nos sirve el lápiz, o el ordenador. También la pared, la servilleta, la camisa, una espalda, un muslo, un brazo propio o ajeno, la arena del reloj...enredando en nuestra madeja.